Y es así como de repente todo se desmarca, todo aquello que estaba reglamentado ordenado, los roles y las significancias de ellos se caen y me quedó así, sentada sin saber qué hacer, en el momento exacto qué decir, porque qué puedes decir antes confesiones que dan vuelta tu entorno, se desaborda y todo se complica al final.
Pensé luego en mí, envolviéndome en la comodidad de pensar en mí, y sólo lo que acontece en mí, pero no, es algo que entrelaza circunstancias y ahí acuden los temores y lo más doloroso, las culpas. Y así no me decido si quiero decidir, si quiero actuar y tomar responsabilidades que quizás ni siquiera me corresponden. Quizás ese es el pago de la soledad, por así llamarla, tomando riesgos que aquellos mismos miedos recuerden los eternos silencios.
Qué será de estar partidas, quienes o cuáles serán sus nuevos movimientos y la cantidad de sus apuestas; y principalmente cuál es la tajada que sacaremos de todo esto. Podríamos pesar las calamidades con la edad, será eso cuando te dicen “me pesan los años” o “me cansé de vivir” por muchas acciones o no que lleven a estas conclusiones, cuál es el peso verdadero de la vida, estar en un comienzo o estar simplemente en un declive hacia un final.
Frente a un camino desconocido, carente de colores y de formas, me presento en frente con todo lo que tengo detrás, y lo peor (o lo mejor) , con lo que tengo sobre mí. Configuraciones agrestes y amables. Comienzo armando todo otra vez, sin recordar lo momentos, quedándome con lo que me dejó, intentando hacerme más fácil la tarea. Este es mi cielo y debo aprovecharlo, intentando dejar testimonios sobre este mundo que reboza de vulgaridades, rescatando lo relevante y al mismo tiempo, lo enormemente sutil.
¿Dónde está el secreto? En la persona que está frente a mí o aquella construcción de lo que pude haber sido. Muchas dirán que por ahí nunca sacaré nada, pero alguien lo ha intentado realmente, es un trabajo de ingeniera y de arquitectura, la reconstrucciones de un ser que no existe, y que si existiera y las decisiones o la conformación misma de esta, definitivamente lo llevara a un estado (lugar, personalidad, motivaciones, sueños) que quizás disten mucho de lo que es actualmente. Ojo, esto no signifique que irracionalmente, me vea distinto, que aquella construcción pueda ser peor o mejor que la de ahora, es sólo el vulgar ejercicio de crear prolongaciones de ciertas dudas del pasado (como decía Benedetti)
En este camino, en los segundos que se vuelven en su instante pasado, me encuentro ante un diente de león, planta, que en estado de flor, amarilla y que cuando niña la encontraba incluso fea, recuerdo esa historia que me contaron a esa misma edad, y me mostraron lo que se convertía aquella flor que yo ya había arrancado cual maleza del territorio, una suerte de bola perfectamente redonda y llena de pequeñas ramitas blancas, es ahí cuando me decían, “sopla y pide un deseo mientras lo hagas”, miré en el presente aquella flor y pienso que es demasiado pequeña para soportar el peso de mis sueños.
Vuelvo al principio y me declaro incompetente, no sé qué hacer y me siento presionada por el entorno. Entregar sólo cariño bastará, no sé cómo se cambian esos estados, ni el mío he sido capaz de cambiarlo, ¿cómo podría hacerlo frente al de los demás?. Sobre la marcha me imaginación, elemento (por así llamarlo aunque ya lo considero un ser con vida y renuncia dentro de mí), avanza con una velocidad feroz, citando frases, hilando confesiones y construyendo una realidad; incluso pensando plasmarla en palabras, creo que sería una excelente historia.

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